Asumir riesgos es parte consustancial del ser humano. Quien no juega, no gana! Pero las personas, especialmente en momentos de incertidumbre como éste, intentan -infructuosamente- no asumir más riesgos de los estrictamente necesarios! Llevo muchos años trabajando precisamente en Gestión de Crisis empresariales e institucionales y una de las claves de esta apasionante disciplina es "identificar y atajar las amenazas evitables" y, por otro lado, "controlar y minimizar las amenazas inevitables". Y, afortunada o desgraciadamente, en la vida tenemos de ambos tipos!
Pero deberíamos plantearnos que el riesgo, muchas veces inevitable, nos procura el reto... y nuestra vida, por otra parte, necesita de constantes retos para evolucionar o simplemente sentirnos vivos. Claro que, ante cualquier riesgo, debemos analizar qué hay realmente en juego, cual es el posible beneficio o fracaso al asumir tal reto. Y eso hay que sentirlo, no basta realizar una lista de pro's y contra's razonados para averiguarlo! Más que nada porque la mente tenderá a evitar o ignorar los riesgos evitables y se resignará ante los riesgos inevitables! Y eso no es siempre justo con uno mismo ni con los demás que nos rodean! ¿Cuántas veces evitamos a una persona o una situación cuando no es ni de lejos, la causa de nuestra incertidumbre? Si el logro que persigue un reto es alto, deberíamos asumir ese riesgo, pues nos sentiremos recompensados en el propio camino de alcanzarlo, se logre o no al final. Y un gran logro es, casi siempre, algo que responda a nuestro yo interno y nos permita ser como realmente somos! ¿Puede haber logro más alto en esta vida? Una vez más, con verdadero sentido, todo riesgo es asumible... y quizás por esto una vida plena y con sentido merece la pena vivirla y, a ser posible, intensamente!
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